¿Qué extraña condición la humana y qué facilidad para dar soluciones? ¿ Y qué empeño en convencer de la conveniencia de las propias?
Esta especie nuestra se desenvuelve muy bien ofreciendo grandes discursos que parecen evidentes, con unas instrucciones maquilladas de comodidad, aunque demasiado complicadas para seguirlas, y que terminan asentándose en el aire, sostenidas en la nada, a pesar de que a ninguno se nos ocurra desvelar el truco.
Suelen actuar en nosotros por costumbre, las asumimos por falta de alternativas, lo contrario nos obligaría a ser el mesías de cada instante. «He leído mucho y cada vez lo encuentro todo más absurdo, salvo lo que yo pienso». ¿Por qué no quedarnos en esta máxima para siempre? Total, tampoco estaremos aquí para comprobar nada dentro de unos cuantos miles de años.
Llegado a este punto de clarividencia lo que me queda es escribir las directrices después de hacer cosas, a toro pasao, tras los hechos. Claro que la historia no ha terminado y todavía no he llegado ni a la mitad del libro de instrucciones para vivir.