Sobre el vacío podríamos decir muchas cosas. Está la opción de recurrir a explicaciones puramente físicas. Pero eso realmente no interesa a casi nadie. Quizás a los que se ocupan de lo relacionado con la técnica, con esta o aquella manera de mejorar los artefactos que ayudan a vivir mejor. Hasta puede que sea de interés para los científicos que osan desentrañar los enigmas del universo.

Pero prefiero hablar del vacío desde un punto de vista ontológico, ese que nos interesa, que afecta al yo, al existente que se siente y se sabe aquí y ahora. Ese que se enfrenta a las cosas con intención. El yo que es mucho más que un organismo por explicar. Porque lo difícil es comprender tanta explicación. Ese vacío es espacio necesario para movernos a nuestro antojo, es condición indispensable para poder hacer (o renunciar a hacer).

…no queremos ni aburrirnos, nos sentimos mal si hacemos algo que termina siendo inútil, anulando la inactividad de manera consciente, el lugar en el que realmente surge lo que nos distingue: la creatividad.

Para vivir en el vacío ontológico, que no el meramente óntico, debemos liberarnos del reloj y de sus ataduras. Un artilugio demasiado humano que llegó para que todos funcionásemos al unísono. Lo que fue organizado con buena intención acabó volviéndose en nuestra contra. Cuesta creerlo. Y cuesta creerlo porque no queremos ni aburrirnos, nos sentimos mal si hacemos algo que termina siendo inútil, anulando la inactividad de manera consciente, el lugar en el que realmente surge lo que nos distingue: la creatividad.

Sin tiempo para pensar, ¿qué queda? Eso, nada. La consecuencias es que hemos llegado al punto en el que ser divergente te convierte en un paria despreciado y odiado. No está el ambiente para tener una forma de sentir o actuar fuera de lo convencional. Qué ocurrencia es esa de buscar múltiples soluciones creativas a los problemas, en vez de proponer la respuesta esperada por la audiencia. El ágora ya no anhela la sorpresa o la alternativa.

Y si no se puede innovar, ¿qué hacemos? Y si no podemos ser flexibles y corregir puntos de vista, ¿para qué pensar?

Ahí está la importancia del vacío. Necesitamos la espera, la inactividad, la incertidumbre y lo posible como condición humana elemental. A mi me gustaría invitar a la audiencia a jugar, como un primer paso para encontrar ese vacío.

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